|
Réquiem por una afición
Antonio Fernández Prados.
Estamos asistiendo a una lenta, pero progresiva destrucción de todo lo que ha sido la filatelia hasta ahora. Vemos que la afición se difumina y que cada día se dedica menos tiempo al estudio del sello, excepción hecha de ese benemérito grupito de estudiosos que se esfuerzan por aumentar sus conocimientos y transmitírnoslos. ¿Sus causas? Muchas, pero fundamentalmente el feroz mercantilismo que se ha apoderado de nuestra afición y amenaza con asfixiarla.
Todos contra el bolsillo del filatélico, y caiga quien caiga. El otro día me puse a sumar los precios en la oferta mensual de novedades de una conocida revista filatélica. Algunos países pasaban de las 15.000 ptas. (Todos sabemos qué países son); otros países, el nuestro, por ejemplo.
Han sacado la moda de las "pruebas de lujo", sellos en metales preciosos, etc. Por cierto (puede explicarme alguien qué son, para que sirven y si son coleccionables las "pruebas de lujo"?. Antes, las pruebas, como su nombre indica, eran documentos privados de las fábricas de sellos, que servían para sus archivos, y que se daban con cuentagotas a las máximas autoridades; y si algún filatélico lograba hacerse con una de ellas era un verdadero triunfo. Ahora, se editan para que las compremos (yo, no) como aquellos cromos de las chocolatinas que compraba en mi infancia, con la ventaja de que aquellos eran más dulces. Añadamos que los franqueos mecánicos, impresos concertados, y tantos medios modernos para franquear la correspondencia, sobre todo esa que va directamente a la papelera, no contribuyen en nada a nuestra afición.
Por otra parte están las autoridades filatélicas imponiendo normas y más normas asfixiantes que convierten una colección ortodoxa en algo más complicado que la declaración de renta y que en el caso de las temáticas exige casi una tesis doctoral. ¡Pero señores...! si lo bonito del coleccionista es la libertad para coleccionar lo que y como a ellos les place. ¿No será todo eso para facilitar la labor de unos jurados que sin esas normas y baremos serían incompetentes?. Un jurado que sea un buen filatelista (y los hay, y muchos) está de sobra capacitado para juzgar el mérito de las colecciones sin necesidad de baremos. Y son muchos los coleccionistas de toda la vida, que saben de sellos y colecciones más que cualquier "funcionario" de FESOFI. Y este panorama tan negro, ¿no tiene solución?. Yo creo que sí, - esto que expongo es sólo una opinión mía aunque ello iría en contra de muchos de los estamentos actuales (gobiernos, comercios, especuladores, distribuidores, etc.).
Volvamos a coleccionar en usado, y veremos como desaparecen muchos de los ataques a la filatelia. En primer lugar los gobiernos dejarán de vender cromos engañándonos con la definición de que son sellos. Hay muchos sellos y serie de determinados países que estoy seguro de que nunca han franqueado una sola carta; entonces nadie los compraría, con lo que se acabó el asalto a nuestros bolsillos.
Segundo, desaparecerían tantas casas distribuidoras e intermediarias, y el comerciante filatélico volvería a ser lo que ha sido siempre, un colaborador del coleccionista y no un vendedor de cromos. Que desaparecerían muchos sustanciosos beneficiosos, es cierto, pero el saneamiento de la filatelia lo pide.
Tercero, volverían los filatélicos a relacionarse, los unos con los otros para intercambiarse las piezas, en vez de suscribirse a unas novedades y colocar los sellos, o lo que sea, en unos álbumes prefabricados, porque se buscarían los sellos que han circulado, que son los verdaderos documentos postales, y que no son un impuesto revolucionario con que determinados países asaltan nuestras finanzas...
Cuarto, desaparecería el nefasto anticharnelismo que nos quiere convertir en coleccionistas de goma de pegar, cuando una huella dignifica al sello, porque indica que ya ha sido objeto de la atención de otros coleccionistas. Con todos los filatélicos con que he hablado, he encontrado una similitud de opiniones, un respirar del mismo modo. Entonces, ¿por qué no se ponen en práctica tantas reformas como podrían estudiarse para salvar nuestra afición?.
Por eso escribo estas letras, porque no quiero asistir en silencio al languidecimiento de nuestra afición, reina de las aficiones y reina del coleccionismo, pero para la que parece que está llegando la república y el destronamiento.
![]()